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Movernos dentro de un aula, en la mayoría de las ocasiones, es limitarse, caminar por los pasillos que hay entre cada fila de bancos, estar frente a los chicos, tener el pizarrón detrás, sentarse frente al escritorio...y hasta ahí llegan nuestros movimientos en el espacio tradicional. El taller plantea apropiarse del espacio de otra manera: movilizar lo inmóvil, flexibilizar lo rígido. El semicírculo como forma de acercamiento a los chicos y al diálogo generado en igualdad de condiciones; esto hace posible poder trabajar en la escucha y el respeto mutuo durante su desarrollo.
Levantar la mano para hablar y respetar los turnos son fundamentales para que su voces y sus opiniones comiencen a circular de manera lenta pero firme a medida que el grupo de va desinhibiendo. Los chicos cuentan "sus cosas"; sus vivencias y sus preocupaciones. Sus conflictos, sus enojos y sus alegrías buscando la manera de encontrar soluciones exhibiendo en la ronda sus contradicciones para que los adultos le sirvan de guía en la construcción de soluciones.
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